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Lo que le pasó a Anthropic con Fable 5 no fue un accidente. Fue la primera pieza de un dominó que ahora alcanza a OpenAI. La Casa Blanca le pidió que frene el lanzamiento de GPT 5.6, su próximo modelo de IA, y que el gobierno apruebe el acceso cliente por cliente.

Es la primera vez que el gobierno estadounidense ordena proactivamente a una empresa que restrinja un modelo antes de su publicación. No es una regulación formal. Es algo peor: un régimen de licenciamiento de facto que se construye sobre la marcha.

Sam Altman informó a sus empleados esta semana que GPT 5.6 no se lanzará al público como los modelos anteriores. En un memo interno filtrado por The Information, el CEO explicó que la Oficina del Director Nacional de Ciberseguridad y la Oficina de Política Científica y Tecnológica le pidieron una salida escalonada.

El acceso se aprobará caso por caso. Si la vista previa sale bien, la liberación general llegaría “un par de semanas después”. Pero la palabra clave ahí es “si”.

La tensión escaló cuando Howard Lutnick, secretario de Comercio, llamó personalmente a Altman para exigir que más agencias participaran en la aprobación. No bastaba con que dos oficinas de la Casa Blanca estuvieran al tanto. Lutnick quería que todo el aparato gubernamental tuviera voto.

La razón: tanto el gobierno como OpenAI consideran que GPT 5.6 tiene capacidades cibernéticas “al nivel” de Mythos, el modelo de Anthropic que desató toda esta crisis.

Y ahí está la conexión que pocos están haciendo. Anthropic lanzó Mythos en abril con un programa de acceso restringido llamado Project Glasswing, advirtiendo que el modelo podría lanzar ciberataques devastadores si caía en manos equivocadas. Después lanzó Fable 5, la versión pública, con lineamientos de seguridad específicos. Pero el Departamento de Comercio ordenó retirar ambos modelos del mercado, alegando riesgos de seguridad nacional.

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Anthropic fue clasificada como riesgo de cadena de suministro por el Pentágono tras negarse a dar acceso para vigilancia masiva. Ese precedente creó el clima para lo que ahora enfrenta OpenAI.

Trump firmó una orden ejecutiva a principios de junio que ordena a las empresas de IA enviar modelos para revisión voluntaria 30 días antes de su lanzamiento. La palabra clave es “voluntaria”. En la práctica, OpenAI no tuvo elección.

La restricción de GPT 5.6 no es un proceso formal con reglas escritas. Es una negociación ad-hoc entre la Casa Blanca y los laboratorios, donde cada modelo se evalúa según criterios que se definen en tiempo real. Dean Ball, ex asesor de IA de la administración Trump que ahora trabaja en OpenAI, lo dijo con crudeza: “La IA está licenciada ahora, pero los requisitos cambian constantemente y siempre son secretos, incluso para la propia administración”.

Los modelos más potentes del mundo están dejando de ser productos de mercado para convertirse en bienes regulados. Si una empresa en LATAM quiere acceder a GPT 5.6, no podrá simplemente suscribirse a una API. Necesitará pasar por un filtro gubernamental estadounidense.

Y si el modelo es lo suficientemente potente como para preocupar a Washington, probablemente nunca llegue al público general de la misma forma que llegaron GPT-4 o Claude 3.