David Durman, de 45 años, no tiene que usar IA en su trabajo. La Universidad de Kentucky le concedió el 25 de septiembre una exención religiosa bajo el Título VII, una ley federal de Estados Unidos, después de que argumentara que herramientas como Copilot, Claude y ChatGPT chocan con sus creencias humanistas.
Qué pidió y qué le concedieron
Durman trabaja como administrador de investigación en la Oficina de Proyectos Patrocinados de la universidad.
El 24 de agosto envió una carta a la Oficina de Igualdad de Oportunidades en la que pidió un acomodo razonable: que no lo obligaran a usar IA o modelos de lenguaje en su trabajo diario.
La universidad aprobó la solicitud el 25 de septiembre, tras una reunión a mediados de mes, al concluir que no imponía una carga indebida a su departamento. La exención, sin embargo, tiene límites claros: Durman sigue obligado a asistir a reuniones y a entregar materiales por plataformas que usen IA.
Lo que queda fuera es su uso personal de esas herramientas, según la nota oficial de la Asociación Humanista Estadounidense (AHA).
Por qué el humanismo entra en la protección religiosa
El Título VII de la Ley de Derechos Civiles de 1964 obliga a los empleadores a acomodar las creencias religiosas de sus empleados, salvo que eso represente una carga indebida. La clave del caso es que el humanismo secular no tiene dioses, pero la jurisprudencia estadounidense lo trata como una creencia protegida.
La AHA cita la regulación 29 C.F.R. § 1605.1 y el fallo Torcaso v. Watkins de 1961 para sostener que los sistemas no teístas tienen los mismos derechos que las religiones tradicionales. «Para nosotros, el humanismo es una forma de vida integral», dijo Alexandria Huiskens, abogada de la organización, a Religion News Service.
El argumento de Durman no fue técnico, sino moral: usar IA para redactar, tomar notas o decidir implicaba delegar su criterio y su responsabilidad.
En su carta sostuvo que sustituir el procesamiento automático por la presencia humana, la escucha auténtica y la responsabilidad personal choca con su obligación de defender la dignidad humana.
El antecedente que abrió el camino
El caso se inspiró en Erin Maus, una ingeniera de software unitaria universalista que obtuvo una exención similar de su empleador por sus preocupaciones religiosas sobre la IA. Durman leyó sobre ella y contactó a la AHA para redactar su propia solicitud.
La organización cree que el suyo es el primer caso de un humanista al que se le concede una exención de este tipo. No existe un registro oficial que lo confirme, pero FindLaw y Friendly Atheist lo trataron como un precedente relevante.
Qué significa (y qué no)
El fallo no prohíbe la IA en la Universidad de Kentucky ni impide que otros empleados la usen. Tampoco crea un derecho automático a negarse: cada solicitud depende de que la creencia sea sincera y de que el acomodo no dañe la operación del empleador.
El Título VII es una ley estadounidense. En América Latina las reglas sobre acomodo laboral por creencias son distintas y no existe una figura idéntica, así que el caso no se traduce automáticamente. Lo que sí exporta es la pregunta: ¿puede un trabajador negarse a usar IA por convicción?
El contexto ayuda a entender por qué el tema crece. La misma nota de RNS cita una encuesta de Washington Post-ABC-IPOS según la cual 57% de los estadounidenses considera que la IA es mala para la sociedad. Y el debate laboral ya tiene otros frentes, como los recortes de Microsoft ligados a la IA o las restricciones al uso de chatbots en el Gobierno sueco.
El caso de Durman no cierra el debate sobre la IA en el trabajo. Lo abre por una puerta poco explorada: la objeción de conciencia. La pregunta para los próximos meses es si más empleados la usarán y hasta dónde estarán dispuestos a llegar los empleadores para acomodarlos.
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