Meta gastó 83 mil millones de dólares en el metaverso antes de enterrar el proyecto. Ahora, en su frenética carrera por dominar la inteligencia artificial, la compañía está repitiendo exactamente el mismo error: decisiones top-down sin considerar a los equipos que tienen que ejecutarlas.
La división Applied AI de Meta, creada en marzo de 2026 para alimentar de datos a Meta Superintelligence Labs, está al borde de la revuelta. Sus 6,500 ingenieros y gerentes de producto, reasignados por la fuerza sin opción a negarse, describen el ambiente como un “gulag” y el trabajo diario como “algo que destroza el alma”, según una investigación de WIRED corroborada por TechCrunch.
El caso más extremo ocurrió esta semana: un empleado interrumpió una presentación interna transmitida en vivo a miles de personas y, por el micrófono abierto, exigió que los organizadores le dijeran a un alto ejecutivo de IA de Meta que era “un pedazo de mierda”. Uno de los presentadores se cubrió la cara con las manos, según testigos.
No es un incidente aislado. Más de 1,600 empleados de toda la compañía firmaron una petición para detener el programa que monitorea sus clics y tecleos con el fin de generar datos de entrenamiento para IA. El CPO Chris Cox reconoció en una reunión interna que el ambiente es “brutal” y lo comparó con “correr un maratón en medio de una tormenta de granizo mientras te están grabando”.
Mark Zuckerberg envió un memo interno el viernes admitiendo que la compañía ha cometido “errores” y prometió no hacer más despidos masivos en lo que resta de 2026. También anunció que reducirá la proporción de hasta 50 empleados por un solo gerente que existía en algunos equipos de Applied AI.
El trasfondo revela un patrón preocupante. Reality Labs, la división del metaverso, perdió 83 mil millones de dólares antes de que Meta girara hacia la IA. Ahora, Alexandr Wang, el fundador de Scale AI (vendida a Meta por 14.3 mil millones de dólares) es el chief AI officer de Meta Superintelligence Labs. Y su estrategia para conseguir datos de entrenamiento ha sido reclutar a la fuerza a los propios ingenieros de Meta, a quienes Zuckerberg describió como de inteligencia “significativamente más alta” que la de los contratistas externos.
El resultado es una fuerza laboral de 6,500 personas que se autonombran “draftees”, reclutas forzados, atrapadas generando puzzles y problemas de código para entrenar modelos de IA, un trabajo que consideran mecánico y por debajo de sus capacidades.
Y mientras Meta lidia con esta crisis interna, OpenAI, Google y Microsoft están en posición de capturar a ese talento desesperado.
Meta no aprendió la lección del metaverso. La tecnología no se construye solo con inversión y visión. Se construye con equipos que creen en lo que hacen.


