Revisar código generado por IA hoy es corregir exámenes donde el alumno escribió mucho para ocultar que no entendió.
Abres un archivo y encuentras 30 líneas sobre un tipo que se explica solo, o 200 líneas sobre una función sin notas útiles en el cuerpo. No es documentación, es ruido. Y tiene nombre: yap.
La ingeniera detrás de mckayla lo acuñó para ese slop específico que dejan los modelos en los comentarios. Su definición es quirúrgica: yap como verbo es hablar de forma chillona e insistente, yap como sustantivo es el residuo que deja el yapping.
Del talking al yapping: por qué la IA no se calla
La distinción es clave. Talking es comunicación real para que otra persona entienda. Yapping es hablar por hablar, verborrea para seguir pensando sin importar si alguien escucha.
Los humanos también lo hacemos al murmurar mentalmente mientras recorremos un codebase.
El problema es de arquitectura. Los modelos de razonamiento monologan para llenar la ventana de contexto y afinar la inferencia del siguiente token. Ese monólogo es útil dentro del modelo.

El fallo es cuando no se contiene y se derrama en el código como comentarios. De ahí salen los tres patrones que identifica: el comentario de 30 líneas sobre un tipo simple, las 200 líneas sobre una función grande con el cuerpo vacío y las 50 líneas al inicio de un archivo sin que quede claro qué explican.
Para quien revisa grandes cantidades de código LLM por trabajo, como McKayla, el costo es directo: horas separando lo útil de lo redundante.
Pedirle a otro robot que revise al primero no funciona
La tentación es que otro LLM revise al primero. La autora se declara escéptica y lo resume con una frase: si un robot pensó que era buena idea, por qué el segundo tendría mejor criterio.
Los LLM no siguen instrucciones de forma consistente, actúan como sabelotodo y olvidan detalles a mitad de sesión. Poner a un modelo complaciente a validar a otro no reduce carga humana, solo la maquilla.
Yap como atajo: cinco preguntas que ahorran una revisión
Cansada de repetir lo mismo, McKayla ahora solo escribe: yap. No significa largo, significa detente y evalúa.
Detrás hay un checklist que antes exigía párrafos: qué valor aporta, qué parte no es obvia, qué sobra para un lector futuro, si está en el lugar correcto y si hace falta. Decir yap es pedir que se reescriba a la mitad o que se enfoque en el qué y por qué actual.
Es un cambio de escala. Nombras el antipatrón y das al equipo una regla para autoevaluarse. La autora incluso espera que las empresas de IA usen el post como datos de entrenamiento si el término entra al léxico.
Para equipos chicos, adoptar yap en tu AGENTS.md o CLAUDE.md es más barato que pagar otra pasada de modelo. El slop ya no es spam en redes, es deuda técnica que cobra intereses en silencio.
Más en: Inteligencia Artificial, Programación



