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Imagina pagarle a un abogado para que litigue contra otro abogado, y descubrir que ambos estaban usando el mismo chatbot para redactar sus argumentos. Eso es exactamente lo que pasó en un tribunal federal de Mississippi, donde la jueza Sharion Aycock canceló un juicio completo tras descubrir que los cuatro abogados de ambas partes habían presentado escritos generados con inteligencia artificial, repletos de citas a casos judiciales que nunca existieron.

El abogado Rob Freund, que sigue de cerca estos casos, lo llamó una “comedia de errores de IA”. Su diagnóstico fue certero: dos clientes estaban pagando, esencialmente, para que ChatGPT debatiera contra sí mismo.

El caso era Withers contra la Ciudad de Aberdeen, una disputa por honorarios legales impagos. Nada extraordinario, hasta que la jueza Aycock empezó a revisar los escritos y encontró que ambas partes citaban jurisprudencia inventada. Las alucinaciones de la IA, ese fenómeno donde los modelos de lenguaje inventan información con total seguridad, habían contaminado los documentos de los dos lados.

En una audiencia celebrada en enero de 2026, los cuatro abogados admitieron lo que había pasado. La abogada Kathleen Wilson, que representaba al demandante, confesó haber usado una herramienta de IA generativa para redactar sus escritos sin verificar las citas.

Kathryn Williams, que representaba a la ciudad, dijo haber usado una herramienta de investigación legal asistida por IA,una herramienta profesional, no un chatbot cualquiera, y tampoco verificó los resultados. Los abogados locales Shauncey Hunter Ridgeway y Mark McClinton admitieron que firmaron los documentos sin leerlos.

La reacción de la jueza fue contundente. En su orden de sanciones, Aycock escribió que “en una era de uso desenfrenado de IA no verificada en el campo legal, este caso es un ejemplo perfecto del riesgo de servir como un mero sello de goma”.

Citó la Regla 11 de las Reglas Federales de Procedimiento Civil, que establece que la obligación de verificar la autoridad legal no puede delegarse a la tecnología ni a coabogados.

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Las sanciones fueron ejemplares: Wilson fue multada con 2,500 dólares e inhabilitada para comparecer ante ese tribunal por dos años. Williams recibió una multa de 3,500 dólares y la misma inhabilitación. Ridgeway y McClinton fueron multados con 1,000 dólares cada uno y removidos del caso.

Pero la historia no termina ahí. Semanas después de esta sanción, Wilson volvió a ser descubierta presentando escritos generados con IA con casos inventados, esta vez en un tribunal de bancarrota de Louisiana. La lección no le duró ni dos meses.

Lo más revelador de este caso no es que los abogados usaran IA. Es que dejaron de hacer su trabajo. La tecnología no los reemplazó: ellos se reemplazaron a sí mismos al firmar documentos que nunca leyeron.

El caso Withers contra Aberdeen no es una anomalía. Un estudio de Thomson Reuters encontró 22 casos solo en julio de 2025 con citas legales inventadas por IA en tribunales de Estados Unidos. Otro estudio, publicado en el Journal of Empirical Legal Studies, reveló que incluso las herramientas de investigación legal profesionales de LexisNexis y Thomson Reuters alucinan más del 17% del tiempo, a pesar de que sus fabricantes las promocionan como libres de alucinaciones.

El problema de fondo no es técnico. Los abogados siempre tuvieron la obligación de verificar sus fuentes. La IA no inventó esa responsabilidad: solo reveló que muchos la habían abandonado.