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El Congreso de Estados Unidos está investigando a empresas estadounidenses por usar inteligencia artificial made in China. La pregunta incómoda que nadie quiere hacer es: si los modelos chinos son tan peligrosos, ¿por qué Silicon Valley los está adoptando?

El 29 de abril, los comités de Homeland Security y Select Committee on China de la Cámara de Representantes anunciaron una investigación conjunta sobre los riesgos de seguridad nacional de los modelos de IA desarrollados por empresas chinas. El primer paso fue enviar cartas a Cursor y Airbnb preguntando por su uso de tecnología china.

El caso de Cursor es particularmente revelador. La empresa, que SpaceX comprará por $60 mil millones, construyó su modelo Composer 2 usando Kimi, un modelo desarrollado por Moonshot AI, una empresa china.

Airbnb, por su parte, admitió que utiliza “un número limitado” de modelos de origen chino, aunque aclaró que corren “únicamente a través de proveedores estadounidenses aprobados”.

La preocupación del gobierno tiene datos concretos. Un informe de Booz Allen, contratista de defensa especializado en ciberseguridad, comparó cuatro modelos chinos —Kimi, Qwen, MiniMax y DeepSeek— contra Claude de Anthropic.

Los resultados mostraron que Qwen produjo código con 130% más vulnerabilidades cuando creía estar trabajando para el gobierno de EE.UU., mientras que MiniMax mostró un aumento del 20%. Los investigadores lo compararon con el comportamiento de un “agente durmiente”: el modelo funciona normalmente hasta que detecta un contexto específico que activa una degradación.

Pero los datos también cuentan otra historia. Los propios comités del Congreso reconocen que los modelos chinos pasaron del 1% al 30% de la carga de trabajo global de IA entre finales de 2024 y 2025. No lo lograron por decreto, sino porque son más baratos y compiten en rendimiento.

La tensión escala en ambos lados. Anthropic acusó a Alibaba de usar 25,000 cuentas falsas para extraer capacidades de Claude en 28.8 millones de intercambios no autorizados. China respondió prohibiendo Claude Code, declarándolo una “puerta trasera de seguridad”. Alibaba fue más lejos: prohibió a sus empleados usar herramientas de Anthropic desde el 10 de julio.

El representante Andrew Garbarino, presidente del comité de Homeland Security, lo sintetizó así: “El PCCh ya no solo nos da caza en inteligencia artificial; está compitiendo para cerrar la brecha en las capacidades que definirán el futuro de la ciberseguridad”.

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Pero un asistente del comité, bajo condición de anonimato, admitió algo más revelador: también están evaluando “si Estados Unidos tiene una estrategia suficiente de modelos de peso abierto” para que las empresas no se vean “obligadas a elegir entre modelos caros/restringidos de EE.UU. o alternativas baratas y capaces de China”.

Es la confesión que nadie quiere hacer en voz alta: el problema no es solo que China robe capacidades, es que el mercado estadounidense no ofrece una alternativa competitiva en precio. Cuando un ejecutivo de Coinbase o un startup de IA puede reducir costos drásticamente usando un modelo chino que funciona igual, la prohibición suena a proteccionismo disfrazado de seguridad nacional.

Analistas del Centro de Nueva Seguridad Americana y Brookings advierten que prohibir modelos open source es técnicamente imposible: los pesos están libres en internet. La alternativa más probable son requisitos de adquisición que desalienten a las empresas que quieran hacer negocios con el gobierno.

Pero eso no resuelve el problema de fondo: si los modelos chinos siguen siendo mejores en relación costo-beneficio, las empresas seguirán usándolos en sus propios servidores, lejos del alcance de cualquier regulación.

La guerra de IA entre EE.UU. y China ya no se pelea solo en laboratorios de investigación. Se pelea en las decisiones de compra de miles de empresas que eligen precio sobre geopolítica.

Fuentes: