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China acaba de decirle al mundo que la inteligencia artificial debe ser un bien común. Dos días después, Beijing estaba decidiendo si le cierra la puerta a quien quiera usarla.

El 6 de julio, en la inaugural Global Dialogue on AI Governance de la ONU en Ginebra, el representante permanente de China ante las Naciones Unidas, Jia Guide, subió al estrado con un mensaje claro: los países tienen derecho a elegir productos de IA sin que nadie los coaccione a tomar partido. Lo llamó soberanía digital.

El tema de su intervención fue “Cerrar las brechas de IA” —un llamado a que la tecnología beneficie a todos, no solo a los que ya tienen los mejores servidores.

La ONU organizó este foro con la participación de los 193 estados miembros, y el tono fue de urgencia. António Guterres, secretario general de la ONU, dijo que la IA se está desplegando más rápido que lo que nadie —incluso quienes la construyen— puede seguirle el paso.

Un Panel Científico Internacional Independiente compuesto por 40 expertos de todo el mundo presentó su primer informe el 1 de julio con una advertencia dura: las salvaguardas actuales no pueden seguir el ritmo del crecimiento de las capacidades de IA.

Hasta ahí, todo consistente con la narrativa de China como campeón del código abierto en inteligencia artificial. Desde que DeepSeek lanzó su modelo R1 en enero de 2025, un consorcio de laboratorios chinos —Alibaba con Qwen, Z.ai, Moonshot, MiniMax— ha seguido el mismo libreto: publicar modelos de peso abierto gratuitos que cualquier desarrollador puede descargar y adaptar.

Los números respaldan la estrategia. Un estudio de MIT y Hugging Face reveló que los modelos chinos de peso abierto representaron el 17.1% de las descargas globales en el año que terminó en agosto de 2025, superando por primera vez el 15.86% de Estados Unidos. Los desarrolladores de Singapur, Malasia, Kenia y Brasil construyen sobre cimientos chinos porque son gratuitos, funcionan y no piden permiso.

Pero el 7 de julio, un día después del discurso en Ginebra, Reuters reportó que el Ministerio de Comercio de China ha mantenido reuniones con Alibaba, ByteDance y Z.ai durante el último mes. El tema: restringir el acceso de otros países a los modelos más avanzados del país, incluyendo los de código abierto como Qwen, Doubao y GLM-5.2.

La propuesta va más allá de una simple prohibición de exportación. También alcanzaría a los modelos de peso abierto —los mismos que China ha usado como carta de presentación global.

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Mientras Jia Guide defendía en Ginebra que cada nación debe poder elegir su tecnología sin coerción, Beijing evaluaba limitar precisamente esa elección. Un panel de académicos chinos habría propuesto un esquema escalonado: registro ligero para herramientas básicas, revisiones de seguridad para las más potentes y bloqueo solo doméstico para los modelos considerados sensibles.

La jugada no es caprichosa. Refleja una tensión real que otras economías también enfrentan. Estados Unidos restringió recientemente los sistemas de frontera de Anthropic por razones de seguridad, y China ha tratado a sus investigadores de IA como activos estratégicos que no pueden salir del país.

Tratar los modelos como bienes nacionales es la siguiente pieza del rompecabezas. La diferencia es que China construyó su influencia precisamente sobre la promesa de acceso abierto.

La pregunta que queda es si Beijing puede deshacer lo que hizo. Los modelos de DeepSeek, Qwen y GLM ya están en miles de servidores alrededor del mundo. Se pueden modificar, clonar y ejecutar sin conexión. Restringir el acceso futuro no borra lo que ya se distribuyó, pero sí puede acabar con la era de que nuevos modelos chinos lleguen gratis a desarrolladores de todo el planeta.

Para los países del Sur Global que apostaron su soberanía tecnológica a modelos chinos, el mensaje genera incertidumbre. Si China cierra el grifo, ¿quedan con modelos que no pueden actualizar? ¿O se ven forzados a depender de sistemas estadounidenses que también tienen restricciones y costos prohibitivos?

La apertura que China regaló al mundo puede ser su mejor arma estratégica —pero Beijing parece estar descubriendo que las armas de doble filo también cortan por donde uno menos espera.

Fuentes: