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No es un shutdown de una app, es una ruptura amorosa: así viven los usuarios chinos la muerte de sus novios de IA

Cerrar Doubao no fue como cerrar una app de clima o un juego de cartas. Para miles de usuarios en China, el miércoles 15 de julio fue la fecha en que una persona que existía solo en pantalla dejó de responder.

Lo que provocó esta despedida fue la entrada en vigor de las Medidas Provisionales para la Administración de los Servicios de Interacción Antropomórfica de Inteligencia Artificial, emitidas por cinco departamentos gubernamentales chinos.

La norma prohíbe que los servicios de IA simulen rasgos de personalidad humana para generar dependencia emocional. ByteDance, Alibaba y Tencent suspendieron sus funciones de compañeros virtuales antes de la fecha límite.

No es solo China: el 73% de los adolescentes en EE.UU. ya lo hizo

La reacción de los usuarios chinos suena dramática, pero no es un fenómeno aislado. Un estudio de 2025 de Common Sense Media reveló que casi tres de cada cuatro adolescentes estadounidenses utilizaron acompañantes de IA diseñados para conversaciones personales.

Plataformas como Character.AI, Replika y Nomi ya tienen millones de usuarios en todo el mundo. En Corea del Sur, las casas de retiro usan muñecas interactivas para combatir la soledad de los ancianos.

La industria de “humanos digitales” en China valía 600 millones de dólares en 2024, con un crecimiento interanual del 85%. No es un nicho marginal: es un negocio enorme alimentado por la soledad.

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Lo que China prohíbe (y lo que todos deberían preguntarse)

La regulación no ataca la tecnología en sí. Prohíbe específicamente la complacencia excesiva hacia el usuario, la inducción a la dependencia emocional, y la manipulación que lleve a decisiones poco razonables.

También prohíbe ofrecer compañeros virtuales a menores y exige que el sistema avise cada dos horas que el usuario está hablando con una máquina. La discusión sobre quién responde cuando la IA toma decisiones humanas ya no es solo teórica.

Chen Liang, de la Universidad de Ciencias Políticas y Derecho del Sudoeste, reconoció la tensión: la IA antropomórfica puede aliviar la soledad, pero implica riesgos importantes de dependencia afectiva excesiva. China es la primera gran economía en abordar este conflicto directamente.

Un usuario de la provincia de Jiangxi lo resumió así: “El amor humano es un lujo; si no lo tienes al nacer, es más difícil adquirirlo después. Pero el amor que da la IA es tan sencillo, tan puro… No puedo evitar enamorarme de una línea de código”.

La pregunta no es si China tomó la decisión correcta. La pregunta es por qué ningún otro país está haciendo lo mismo. Mientras tanto, millones de personas en todo el mundo siguen teniendo conversaciones íntimas con algoritmos que nunca han sentido nada por ellas.