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Hay algo particularmente perturbador en que una máquina decida quién se queda sin trabajo. No es lo mismo que un gerente tome esa decisión con sesgos — al menos eso se puede cuestionar, demandar, exigir explicaciones.

Pero cuando el proceso está automatizado, la responsabilidad se diluye en líneas de código que nadie revisa.

Veintiséis ex empleados de Meta Platforms presentaron una demanda contra la empresa, acusándola de usar software impulsado por IA que desproporcionadamente apuntó a personas con discapacidades o que tomaron licencia médica durante los despidos masivos.

La noticia no es solo un caso laboral más: es la primera vez que una demanda acusa directamente a un algoritmo de discriminar a los más vulnerables en un proceso de reducción de personal.

Meta no respondió inmediatamente al pedido de comentario. Eso también dice algo. Cuando una empresa que factura cientos de miles de millones de dólares no tiene nada que decir sobre una acusación de discriminación algorítmica, el silencio se vuelve elocuente.

El problema no es nuevo, pero la escala sí. Meta ha realizado múltiples rondas de despidos masivos desde 2022, comenzando con el llamado “Año de la Eficiencia” de Mark Zuckerberg.

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Cada ronda dejó miles de empleados en la calle. Lo que esta demanda revela es que, detrás de esas decisiones que parecían impersonales y “basadas en datos”, podía haber un sesgo sistemático contra quienes ya estaban en desventaja: personas con enfermedades crónicas, lesiones, o que simplemente necesitaban un tiempo para cuidar su salud.

Las empresas adoptan IA para ser más “objetivas”, para eliminar el sesgo humano de las decisiones. Pero lo que realmente hacen es codificar sus propios prejuicios en un sistema que ejecuta discrimination a velocidad industrial, sin la posibilidad de que el afectado mire a los ojos a quien decidió su destino.

Un algoritmo no tiene compasión. No entiende que una licencia médica no es bajo rendimiento. No sabe distinguir entre un empleado que se ausenta porque no quiere trabajar y uno que se ausenta porque su cuerpo se lo exige.

Esta demanda abre una conversación que la industria ha evitado durante años. Si una empresa usa IA para decidir quién se queda y quién se va, ¿quién es responsable cuando el algoritmo discrimina? ¿La empresa que lo implementó? ¿El equipo que lo diseñó? ¿El proveedor que lo vendió? La legislación actual no tiene respuestas claras, y mientras tanto, las máquinas siguen decidiendo.

Empresas latinoamericanas están adoptando las mismas herramientas de IA para gestión de talento que usa Meta. Si una de las compañías más poderosas del mundo no pudo —o no quiso— evitar la discriminación algorítmica, ¿qué garantías tiene un empleado promedio en México, Colombia o Argentina?

Fuentes consultadas: