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Cuando se habla de demandas por copyright contra inteligencia artificial, la mayoría de los creadores asume que es una batalla perdida.

Los casos que suenan en los titulares, contra Stability AI, Midjourney u OpenAI, giran en torno a un debate abstracto: si entrenar modelos con obras protegidas constituye o no uso justo. Son procesos largos, caros y con resultados inciertos.

Pero hay una demanda que cambia las reglas. Y no viene de un estudio de Hollywood ni de un sello discográfico. La presentó Elmer Saflor, un artista digital filipino conocido como Superelmer, contra Memes Apps LLC, la compañía detrás de Memes.ai y Memes AI Studio.

Este caso no discute datos de entrenamiento. Discute algo mucho más simple: copias idénticas de su obra vendidas como producto.

Saflor creó en 2017 Running Away Balloon, un cómic de dos paneles donde un personaje gris intenta alcanzar un globo amarillo etiquetado como oportunidades mientras una criatura rosa llamada timidez lo detiene.

La historia nació de una experiencia personal y se volvió viral. Hoy es uno de los memes más reconocibles de internet, con millones de variaciones compartidas por usuarios de todo el mundo.

Pero una cosa es que los usuarios compartan memes. Otra muy distinta es que una empresa los venda.

La demanda presentada el 1 de julio de 2026 ante la Corte de Distrito Central de California (caso 2:26-cv-07153) detalla que Memes Apps incluyó el cómic de Saflor en su biblioteca de plantillas disponible mediante suscripciones de 40 y 199 dólares mensuales.

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La plataforma promociona sus servicios con frases como “despide a tu agencia de publicidad” y asegura trabajar con más de 40 marcas, generando hasta mil anuncios al mes para una audiencia combinada de más de 75 millones de seguidores en redes sociales.

Saflor registró su obra ante la Oficina de Copyright de Estados Unidos en marzo de 2024, dos años antes de que Memes.ai siquiera existiera. Ese registro, número VA 2-397-201, es la pieza central de su argumento legal.

Lo que hace único este caso es que no depende de probar que el modelo de IA aprendió de su obra. Las plantillas que vende Memes.ai son copias directas e identificables del trabajo de Saflor. El experto en derecho digital Eric Goldman señaló a Ars Technica que en la mayoría de los casos de copyright contra IA, las empresas se defienden argumentando que sus modelos no reproducen las obras originales en los resultados. Aquí ese argumento no aplica.

Goldman también advierte que el modelo de suscripción empaquetada, pagar una tarifa mensual para acceder a cientos de plantillas, podría ser el punto más débil de la defensa. El precedente está en el caso SuccessKid de 2024, donde un tribunal determinó que el uso comercial de memes no califica como uso justo.

Para los creadores hispanohablantes, el caso importa por varias razones. Primero, demuestra que registrar la obra ante la autoridad de copyright, un proceso accesible incluso para artistas individuales, puede marcar la diferencia.

Segundo, confirma que existe una línea legal entre compartir memes por diversión y comercializarlos sin permiso. Y tercero, pone en evidencia un negocio que muchos desconocen: la venta de plantillas de memes como servicio de suscripción para marcas.

Saflor, que usa herramientas de IA en su propio trabajo, no está en contra de la tecnología. Su objetivo, en sus declaraciones, es que se reconozca que detrás de cada meme icónico hay un creador real. Y que la popularidad de una obra en internet no anula los derechos de su autor.