La empresa de Zuckerberg lanzó una función que convertía cualquier perfil público en material de generación de imágenes. Los titulares no se enteraron hasta que CAA y SAG-AFTRA presionaron para que la retiraran.
El 7 de julio de 2026, Meta presentó Muse Image, su primer modelo de generación de imágenes de Meta Superintelligence Labs. La herramienta prometía ser un “socio creativo inteligente” capaz de transformar fotos en obras de arte, restaurar imágenes antiguas o rediseñar habitaciones con productos reales.
Todo ello gratuita para uso cotidiano, con más de 30 efectos nuevos para Instagram Stories.
Pero entre las capacidades había una que nadie pidió: cualquier persona podía generar imágenes con IA usando las fotos de una cuenta pública de Instagram, simplemente mencionándola con el símbolo @. La herramienta tomaba las imágenes del perfil y las convertía en material de referencia para crear contenido nuevo.
Lo más problemático no era la tecnología, sino el mecanismo de consentimiento. Meta optó por un modelo de opt-out: los perfiles públicos quedaban incluidos por defecto, sin ninguna notificación al titular.
Para impedirlo, el usuario tenía que navegar hasta Configuración, buscar “Compartir y reutilizar” y desactivar manualmente la opción “Permitir que las personas reutilicen tu contenido en Instagram y con las funciones de IA de Meta”. Un proceso que, para la mayoría de usuarios, simplemente no existía.
La reacción fue inmediata y contundente. Creative Artists Agency, la agencia que representa a figuras como Tom Hanks y Meryl Streep, exigió a Meta implementar salvaguardas, declarando que “los artistas merecen decidir si y cómo se usa su imagen y trabajo”.
Poco después, SAG-AFTRA, el sindicato de actores de Estados Unidos, instó a sus afiliados a proteger su imagen desactivando la función.
Haley McNamara, directora del National Center on Sexual Exploitation, fue aún más directa: la función era “una herramienta evidente para la sextorsión y otros estafadores”. Privacy International la calificó como “la última señal de que las empresas de IA ven las imágenes y datos de las personas como materia prima para ser explotada”.
Tres días después del lanzamiento, Meta retiró la función. La empresa admitió que “no cumplió con las expectativas”. Pero el daño ya estaba hecho: la función había estado activa y los permisos de Meta AI se habían activado automáticamente en otros países, incluido Canadá, donde los usuarios de cuentas públicas ya tenían sus fotos expuestas sin saberlo.
El caso de Instagram no es un incidente aislado. OpenAI cerró su generador de imágenes Sora a principios de año por preocupaciones sobre deepfakes. X y su chatbot Grok han sido ampliamente criticados por permitir a usuarios manipular fotos de personas reales, a menudo sin su consentimiento.
Lo que revela el episodio de Instagram es un patrón recurrente en la industria: lanzar funciones de IA con alto riesgo para la privacidad y cargar sobre los usuarios la responsabilidad de protegerse.
Cuando la imagen de millones de personas está en juego, el consentimiento no puede ser un ajuste de configuración escondido tres menús adentro. Tiene que ser el punto de partida.
Fuentes consultadas:
- Blog oficial de Meta — Introducing Muse Image
- TechCrunch — Meta removes controversial AI feature
- Infobae — Instagram ya no usará tus fotos públicas
- BBC News — Outcry as Meta lets users make AI images
- Deadline — Meta Removes Muse Image AI Feature
- CBC News — Meta axes feature that allowed tagging
- MuyComputer — Instagram recula con su nueva función de IA


