Imagina que un grupo de empresas europeas lanza una suite ofimática open source para competir con Microsoft 365 y Google Docs. Suena bien, sobre todo para quienes llevan años pidiendo soberanía digital en Europa.
El problema es que los creadores de LibreOffice dicen que esta nueva suite, lejos de liberar a los usuarios, los ata todavía más a Microsoft.
La polémica empezó el 9 de junio de 2026, cuando Euro-Office lanzó su versión 1.0. Se trata de un fork de OnlyOffice, no está basado en LibreOffice, como muchos asumieron, desarrollado por una coalición de empresas europeas que incluye a Nextcloud, IONOS, Eurostack, XWiki, OpenProject, Soverin, Abilian, BTactic, Open-Xchange y Office.eu.
El punto central del conflicto no es quién llegó primero, sino el formato en el que guarda los documentos. Euro-Office usa por defecto OOXML, el formato propietario de Microsoft. LibreOffice, en cambio, defiende ODF (OpenDocument Format), un estándar abierto ISO que cualquiera puede implementar sin pagar regalías ni depender de una sola empresa.
The Document Foundation (TDF), la organización detrás de LibreOffice, publicó una carta abierta el 8 de junio cuestionando a Euro-Office. Italo Vignoli, miembro de TDF, escribió que usar OOXML como formato nativo convierte a Euro-Office en “un aliado de facto de Microsoft en su estrategia de bloqueo de contenido”.
La discusión subió de tono cuando algunos medios comenzaron a llamar a Euro-Office “la primera suite ofimática open source desarrollada en Europa”. TDF respondió que ese título pertenece a OpenOffice.org, lanzado en 2001, seguido por LibreOffice en 2010. En un segundo comunicado, la fundación aclaró que el calificativo “primero” no aparece en los materiales oficiales de Euro-Office, sino que fue la prensa quien lo propagó.
Detrás del debate hay una pregunta más profunda: la soberanía digital se logra con servidores europeos o con formatos abiertos? Euro-Office argumenta que la compatibilidad con Microsoft es inevitable para que las organizaciones migren.
TDF reconoce que el anuncio de Euro-Office incluye compromisos positivos, como mejorar el soporte para ODF, pero insiste en que “mejorar el soporte” no es suficiente. El formato nativo debe ser ODF, no una opción de compatibilidad. Hasta que eso ocurra, dice la fundación, Euro-Office no puede reclamar de forma honesta el legado del software libre europeo.
Para América Latina, esta pelea interna del open source europeo es una advertencia. Gobiernos y empresas de la región también dependen de Microsoft Office, y cualquier intento de migración hacia alternativas abiertas enfrenta exactamente el mismo dilema: qué tanto estás dispuesto a sacrificar compatibilidad por independencia tecnológica.
La historia, además, se repite. En 2006, cuando ODF se convirtió en estándar ISO, muchas de las empresas que hoy defienden la soberanía digital guardaron silencio, según recordó TDF en su carta. Dos décadas después, el mismo debate vuelve con nuevos actores.
Mientras tanto, Euro-Office ya está disponible en Nextcloud Hub 26 y en los servicios gestionados de IONOS. LibreOffice, por su parte, anunció que se enfocará más en la web y la colaboración. La competencia está servida. Lo que nadie discute es que Microsoft 365 y Google Workspace tienen el 96% del mercado online.
Pelearse entre proyectos open source, en vez de competir contra ellos, no parece la jugada más inteligente.


