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Existe una IA que puede predecir el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) en niños con 92% de precisión, años antes de que un médico lo diagnostique.

Fue entrenada con los registros electrónicos de salud de 720,000 personas, validada por investigadores de Duke Health y publicada en Nature Mental Health. Y luego está la IA que tus pacientes están usando para diagnosticar a sus hijos: ChatGPT.

La Dra. Sabrina López, médica genetista del Hospital de Clínicas de Buenos Aires, advierte sobre un fenómeno creciente: padres que llegan a consultas pediátricas con diagnósticos de TDAH generados por inteligencia artificial. “Mucha gente llega a un pseudo diagnóstico a consultar a un médico”, señaló.

El problema no es que los padres usen tecnología, sino que la confundan con una herramienta de diagnóstico.

La distinción es crítica. El modelo de Duke fue entrenado con datos clínicos estructurados, validado en poblaciones diversas y publicado bajo revisión de pares. ChatGPT es un modelo de lenguaje general que responde patrones de texto, no análisis clínicos.

Cuando un padre le describe síntomas a un chatbot, el sistema no tiene acceso al historial médico, no realiza observación clínica y no puede aplicar el algoritmo diagnóstico multidisciplinario que requiere el TDAH.

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En Argentina, el TDAH afecta a 1 de cada 25 niños, aproximadamente 4% de la población pediátrica, con una heredabilidad estimada entre 70% y 80%. Pero no hay estudios genéticos ni de laboratorio que confirmen el diagnóstico. La Dra. López fue clara: el TDAH se diagnostica de forma clínica y multidisciplinaria, no mediante una lista de síntomas que un chatbot pueda procesar.

El caso del autismo es diferente. Existen entre 150 y 200 genes descriptos asociados al trastorno del desarrollo, y sí hay indicación de consulta con genética para descartar causas específicas. Pero incluso ahí, el diagnóstico requiere un algoritmo que sigue guías genéticas americanas, no una interacción con una IA de consumo general.

Lo que revela esta situación es una brecha que ningún medio está mencionando: la IA clínica está demostrando resultados impresionantes, pero los chatbots de consumo están generando una ola de pseudodiagnósticos que pueden llevar a tratamientos farmacológicos innecesarios o alternativos sin control.

El Reglamento de Inteligencia Artificial europeo ya clasifica los sistemas de IA en salud como “alto riesgo”, exigiendo supervisión humana efectiva. Pero en Argentina, como en muchos países LATAM, no existe ese marco regulatorio.

Fuentes consultadas