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Hay algo particularmente incómodo en que el CFO de OpenAI firme una carta advirtiendo que la inteligencia artificial podría destruir millones de empleos. Sarah Friar, que managea las finanzas de la empresa que construye ChatGPT, fue una de las más de 200 personas de primer nivel que firmaron una declaración de 88 palabras organizada por el Laboratorio de Economía Digital de Stanford.

La carta, titulada “Debemos actuar ahora”, es brevísima pero dice lo esencial: la IA podría volverse radicalmente más poderosa en la próxima década, y los responsables políticos deben crear salvaguardias antes de que sea tarde. El tono no es de súplica, sino de alarma.

El listado de firmantes suena a who’s who de Silicon Valley

Entre los signatarios están Eric Schmidt (ex director ejecutivo de Google), Reid Hoffman (cofundador de LinkedIn), Jeff Dean (responsable de IA en Google), Jack Clark (cofundador de Anthropic) y Joseph Stiglitz, Daron Acemoglu y Simon Johnson, tres premios Nobel de economía. Más de una docena de Nobel en total.

Lo que hace particular la carta es quién la firma, no cuánto dice. Son las mismas personas que están construyendo, financiando y acelerando la tecnología que advierten que es potencialmente peligrosa para el mercado laboral. No es un grupo de escépticos tecnológicos; son los arquitectos del sistema.

El debate no es si la IA cambiará el trabajo, sino cuán rápido

La evidencia actual es mixta. Investiga de Harvard Business School, INSEAD y la Universidad de Toronto encontraron que las startups respaldadas por capital de riesgo están contratando menos trabajadores entry-level y reclutando empleados con más experiencia, lo que refleja equipos más pequeños asistidos por IA. El modelo está cambiando antes de que los empleos desaparezcan.

En el extremo opuesto, el FMI descubrió que la adopción de la IA sigue concentrada en una minoría de trabajadores, lo que sugiere que la tecnología aún no se ha extendido lo suficiente para producir una disrupción generalizada. Pero Dario Amodei, CEO de Anthropic —otro firmante de la carta— ya predijo que la IA podría eliminar hasta la mitad de los empleos entry-level en un plazo de cinco años.

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¿Qué significa esto para el lector hispanohablante?

En Latinoamérica, el debate suele llegar con retraso. Mientras Silicon Valley discute si la IA va a destruir o transformar los empleos, en México, Colombia y Argentina las empresas ya están adoptando herramientas de IA para automatizar tareas de atención al cliente, programación y análisis de datos.

La diferencia es que en LATAM no hay un Stanford Digital Economy Lab escribiendo cartas de 88 palabras.

Lo que sí hay es una realidad concreta: los profesionales que no aprendan a trabajar con IA van a quedarse fuera del mercado laboral, no porque la IA los reemplace, sino porque sus competidores sí la usarán. La carta de los 200 economistas no es una amenaza lejana; es una señal de que la conversación ya cambió.