Imagina que construyes un arma tan poderosa que decides que nadie debería tenerla. Pero el gobierno que te prohibió desarrollarla termina usando a tus propios ingenieros para operarla.
Eso es exactamente lo que está pasando entre Anthropic y el gobierno de Estados Unidos, y las implicaciones para el futuro de la inteligencia artificial son más profundas de lo que parece.
La historia empieza en febrero de 2026, cuando el Departamento de Defensa incluyó a Anthropic en su lista negra de proveedores. El motivo: la empresa se negó a firmar un acuerdo que permitía vigilancia masiva y desarrollo de armas autónomas.
El Pentágono la consideró un “riesgo para la cadena de suministro” y ordenó eliminar cualquier rastro de su software para agosto.
Mientras tanto, Anthropic había creado Mythos, un modelo de inteligencia artificial capaz de encontrar vulnerabilidades de seguridad mejor que cualquier herramienta existente. La empresa siempre dijo que Mythos era demasiado peligroso para liberarlo al público y lo mantuvo bajo estrictos controles internos. Para Anthropic, Mythos no era solo otro producto: era un riesgo existencial en manos equivocadas.
Pero lo que Anthropic consideró un riesgo, la NSA lo vio como una oportunidad.
En junio de 2026, el Financial Times reveló que Anthropic desplegó aproximadamente seis ingenieros directamente en la NSA para ayudar a usar Mythos en ciberoperaciones ofensivas contra China e Irán.
En solo un mes de pruebas, la herramienta encontró más de 10,000 vulnerabilidades críticas que ningún otro sistema había detectado. Para ponerlo en perspectiva, un equipo humano de élite encuentra unos cientos al año.
La magnitud de Mythos es tal que el CTO del Pentágono lo describió como un “momento de seguridad nacional” que hace que todo lo anterior parezca irrelevante.
El giro más surrealista llegó el mismo 5 de junio de 2026. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, reafirmó públicamente la prohibición de Anthropic, mientras el presidente Trump ordenaba eliminar a la empresa de las operaciones del Pentágono para agosto. Al mismo tiempo, los ingenieros de Anthropic ya estaban trabajando dentro de la NSA con Mythos. La empresa está, literalmente, prohibida y contratada al mismo tiempo por la misma rama del gobierno.
Esta paradoja revela algo profundo: la inteligencia artificial de frontera ya es demasiado importante para que los gobiernos puedan renunciar a ella, incluso cuando la consideran un riesgo. Anthropic no quería que Mythos se usara para ciberataques, pero el gobierno estadounidense decidió que no podía permitirse no tenerlo.
Ironías aparte, el caso revela una verdad incómoda para toda la industria. Mythos demostró que puede encontrar más vulnerabilidades en un mes que los equipos humanos en un año. En un mundo donde un solo exploit puede costarle a una empresa millones, ningún gobierno va a renunciar a esa capacidad.
La pregunta es si los creadores de estas inteligencias artificiales pueden seguir decidiendo cómo se usan sus modelos, o si el control terminará en manos de quien tenga el poder militar.
Referencias:
- Financial Times vía TechCrunch
- Axios — Pentagon blacklist
- Security Affairs — NSA Mythos
- The Next Web — Offensive cyber
- Benzinga — Anthropic NSA


