Anuncios

La misma semana en que Anthropic presentó Kimi K3 como su nuevo rival en modelos de lenguaje, CNBC reveló que está en pláticas muy preliminares para arrendarle poder de cómputo a Meta.

La paradoja es perfecta: dos empresas que compiten por liderar la inteligencia artificial ahora negocian como si una fuera la nube de la otra.

El New York Times fue el primero en reportar que el acuerdo podría rondar los 10 mil millones de dólares. Horas después, CNBC confirmó la información con una fuente propia, y las acciones de Meta rebotaron desde sus mínimos del día.

Para entender este movimiento hay que mirar lo que hizo Elon Musk hace unas semanas. A través de SpaceX, empezó a alquilar la capacidad de su data center Colossus 1 en Memphis. Anthropic ya le paga cerca de 1,250 millones de dólares al mes por ese espacio. Google paga unos 920 millones.

La fórmula de Musk fue simple: cobrar tres o cuatro veces lo que cualquier otro proveedor de nube pide por megawatt. Y funcionó. La pregunta que todos se hicieron fue: ¿quién más puede hacer esto?

Meta respondió que ella.

Meta Compute

Meta lleva meses construyendo lo que llama internamente Meta Compute, una iniciativa que TechCrunch destapó el 1 de julio. El equipo lo lideran Santosh Janardhan (jefe de infraestructura), Daniel Gross (Meta Superintelligence Labs) y Dina Powell McCormick (presidenta).

La idea es vender acceso a capacidad de cómputo y a modelos de IA alojados, compitiendo directamente con AWS, Azure y Google Cloud.

Zuckerberg ya lo había anticipado en mayo: un negocio de cloud computing estaba definitivamente sobre la mesa. “Casi cada semana hay empresas que vienen a preguntarnos si tenemos capacidad de cómputo que puedan comprar”, dijo en la junta de accionistas.

Los números explican por qué. Meta ha comprometido 182,900 millones de dólares en infraestructura de IA, según sus reportes financieros. Solo en 2026 podría gastar hasta 145,000 millones en capex. Tener todo ese poder de cómputo ocioso o infrautilizado es un problema contable enorme.

Anuncios


Convertirlo en una línea de ingresos es una solución natural. Meta ya firmó un acuerdo de 27,000 millones con el neocloud holandés Nebius en marzo, y tiene más de 5 gigawatts de capacidad contratados solo en la primera mitad del año.

El dilema de Anthropic

Del otro lado de la mesa, Anthropic necesita desesperadamente más cómputo. Sus modelos más avanzados, como Fable, tienen límites de uso precisamente porque no alcanzan los servidores.

La compañía ha firmado acuerdos múltiples: con SpaceX, con TeraWulf (19,000 millones por 20 años en Kentucky), con AWS, con Google Cloud, con CoreWeave y con Fluidstack. La estrategia es clara: no depender de un solo proveedor.

El acuerdo con Meta sería otro frente en esa diversificación. Pero tiene un componente irónico: Meta también desarrolla sus propios modelos de IA, como Llama y Watermelon, que compiten directamente con Claude.

La negociación enfrenta a dos laboratorios que se juegan el futuro de la inteligencia artificial, pero que al mismo tiempo se necesitan mutuamente para conseguir los chips y la electricidad que eso requiere.

Lo que viene

La guerra de la IA ya no se define solo por quién entrena el mejor modelo, sino por quién controla los centros de datos. Empresas como Meta y SpaceX están descubriendo que su verdadero activo estratégico no es el software, sino el silicio y la electricidad que tienen bajo contrato.

Para el usuario latinoamericano, esto importa porque la escasez de cómputo de IA define qué modelos llegan a la región, a qué precio y con qué calidad de servicio. Si los gigantes tecnológicos están dispuestos a pagar 10 mil millones de dólares por capacidad de servidores, es señal de que la demanda por inteligencia artificial sigue muy por encima de la oferta.

Y eso, tarde o temprano, se refleja en lo que cuesta y lo que se puede hacer con IA desde cualquier parte del mundo.