Cuando la comunidad retro pensaba que ya había visto desaparecer suficientes bibliotecas digitales, una de las más grandes acaba de fijar fecha de cierre: Myrient dejará de funcionar el 31 de marzo de 2026, tras reconocer que mantener en línea sus más de 390 TB de juegos clásicos se ha vuelto económicamente imposible.
Detrás de la decisión hay una combinación explosiva: un tráfico en crecimiento, donaciones estancadas y un salto dramático en el precio de memoria y almacenamiento provocado por la demanda de centros de datos para IA.
El responsable del proyecto, conocido como Alexey, explicó en un comunicado que durante meses ha tenido que cubrir de su bolsillo más de 6.000 dólares al mes para sostener la infraestructura, una cifra insostenible para un sitio gratuito, sin anuncios, sin cuentas de usuario y sin muros de pago.

Hasta el último día de marzo, la plataforma seguirá accesible “en su estado actual” y la comunidad tiene apenas unas semanas para descargar lo que considere imprescindible antes de que uno de los mayores archivos de videojuegos de internet desaparezca.
El debate sobre quién preserva el patrimonio del videojuego, y a qué coste, vuelve a ponerse sobre la mesa, en contraste con catálogos oficiales limitados, cierres de eShops y relanzamientos comerciales de títulos antiguos.
Para quienes llevaban años apoyándose en Myrient como alternativa sin fricción, la clausura no solo es un golpe nostálgico: también evidencia cómo las dinámicas económicas de la IA empiezan a colisionar con proyectos comunitarios de acceso cultural.
Los servicios de preservación y archivos de ROMs han ocupado históricamente un vacío que los fabricantes no terminan de asumir: muchos juegos clásicos nunca regresan a plataformas modernas o lo hacen con restricciones, precios altos o disponibilidad limitada.
Iniciativas como Myrient se han convertido en referencia precisamente porque ofrecían catálogos masivos, descargas directas y una experiencia limpia, sin publicidad invasiva ni ventanas emergentes.
Sin embargo, este ecosistema siempre ha vivido en una zona gris: aunque la comunidad lo defiende como preservación cultural, la mayoría de estos archivos no cuenta con autorización de los titulares de derechos, lo que mantiene a estos proyectos lejos de modelos de monetización más claros. En paralelo, los centros de datos dedicados a IA han disparado el coste de componentes como RAM, SSD y HDD, trasladando esa presión también a servidores independientes que no generan ingresos comerciales directos.
Qué es Myrient y por qué su cierre importa
Myrient se define como un servicio rápido y confiable de preservación de videojuegos, con más de 390 terabytes de colecciones organizadas disponibles para descarga pública.
El sitio se lanzó en 2022 con una filosofía clara: nada de anuncios, nada de cuentas obligatorias, nada de pop‑ups; solo acceso directo a juegos y packs curados que facilitaban explorar décadas de historia del medio.
La plataforma se financiaba exclusivamente con donaciones, pero el modelo se fracturó cuando el tráfico siguió creciendo y los aportes económicos no lo hicieron al mismo ritmo. Según Alexey, el aumento del número de servidores necesarios, junto con las actualizaciones de hardware para almacenamiento y caché, generó un desfase mensual de miles de dólares que terminó recayendo en una sola persona.
A la presión de costes se sumó otro problema: el uso masivo de gestores de descarga de terceros que eludían los límites y mensajes de donación del sitio.
Algunos de estos programas incluso bloqueaban funciones tras un paywall propio, monetizando sobre el contenido de Myrient pese a que el proyecto prohíbe expresamente cualquier uso comercial.
En paralelo, desde septiembre del año pasado el precio de RAM, SSD y HDD se ha disparado debido a la “extrema demanda” de los centros de datos para IA, encareciendo tanto el mantenimiento como cualquier ampliación de capacidad.
Con varias máquinas en funcionamiento y un déficit mensual superior a los 6.000 dólares, el fundador admite que no hay forma realista de asumir los nuevos costes ni de seguir ampliando la infraestructura.


