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La industria de la inteligencia artificial depende de una extensa red de trabajadores remotos que preparan sus datos, pero este pilar fundamental ahora está bajo escrutinio.

Un nuevo reporte detalla las condiciones laborales de estos ‘taskers’ o ‘etiquetadores’, mientras una empresa clave del sector, Scale AI, enfrenta una demanda por supuestas violaciones laborales.

Grandes tecnológicas como Meta utilizan los servicios de estas empresas para entrenar sus modelos.

Scale AI es una empresa con sede en San Francisco que actúa como intermediaria en el mercado de datos para IA. Su modelo de negocio conecta a grandes compañías tecnológicas que necesitan datos entrenados con una fuerza laboral global dispersa.

Estos trabajadores, a menudo contratados como independientes, realizan tareas como etiquetar imágenes, transcribir audio o clasificar fragmentos de texto. Su trabajo es crucial para enseñar a los modelos de IA a reconocer patrones y generar respuestas coherentes.

Este sistema se ha expandido rápidamente con la explosión de la inteligencia artificial generativa. La calidad de los datos de entrenamiento es ahora un campo de batalla competitivo entre gigantes como Meta AI, Gemini y ChatGPT. Sin embargo, la cadena de suministro que produce estos datos ha operado mayormente en la sombra.

Las revelaciones sobre las condiciones de los trabajadores están sacando a la luz la cara menos visible de la carrera por la supremacía en IA.

Un reporte de The Guardian publicado esta semana describe la naturaleza del trabajo para algunos de estos ‘taskers’. Según la publicación, los trabajadores pueden enfrentarse a la tarea de revisar y clasificar contenido web crudo y sin filtrar para su uso en conjuntos de datos.

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La empresa Scale AI es identificada como un contratista que proporciona estos servicios. Por separado, el diario SF Chronicle reporta que Scale AI enfrenta una demanda colectiva en California.

La demanda, presentada en un tribunal federal, alega que la empresa mal clasificó a trabajadores como contratistas independientes en lugar de empleados. Los demandantes argumentan que esto les privó de salarios mínimos, pago por horas extras y otros beneficios laborales.

Estos desarrollos están generando preguntas urgentes sobre la ética en la cadena de suministro de la IA. Si los modelos que usan millones de personas se entrenan con datos preparados en condiciones laborales precarias, la sostenibilidad de todo el sector podría estar en riesgo.

La demanda contra Scale AI podría sentar un precedente importante para otras empresas que emplean modelos similares de fuerza laboral remota.

La controversia ilumina una paradoja central del auge de la IA. Los sistemas más avanzados y automatizados dependen de un ejército de trabajadores humanos que realizan tareas repetitivas y a menudo desagradables.

Mientras las compañías promueven las capacidades casi mágicas de sus asistentes de IA, la base material de ese éxito es profundamente humana y terrestre.

El camino a seguir podría implicar una mayor auditoría de los proveedores de datos y un replanteamiento de la relación laboral con los trabajadores que, literalmente, enseñan a las máquinas a pensar.