El 26 de mayo de 2026, WIRED publicó una investigación que debería preocupar a cualquiera que haya cuestionado el impacto de la inteligencia artificial.
Más de 1,000 páginas de documentos internos del Departamento de Seguridad Nacional, el FBI y centros de fusión obtenidos vía FOIA revelan que las agencias federales de EE.UU. están construyendo una nueva categoría de amenaza: el “extremismo anti-tecnología”.
Según los documentos, el FBI y el DHS están vigilando a ciudadanos que se oponen a la construcción de data centers y al avance de la IA, etiquetando sus protestas como potencial terrorismo doméstico.
Esta ofensiva se apoya en la directiva NSPM-7 firmada por Trump en septiembre de 2025, que instruye al Departamento de Justicia a investigar como potenciales terroristas a quienes expresen ideas “anti-estadounidenses”, “anti-cristianas” o “anti-capitalistas”.
Pero mientras EE.UU. protege a sus gigantes tecnológicos con el aparato antiterrorista, en América Latina los mismos data centers están secando comunidades enteras. Y ahí la historia es muy distinta.
Chile concentra la mayor cantidad de data centers de Sudamérica después de Brasil. Solo en Quilicura, al norte de Santiago, operan instalaciones de Google, Ascenty, GTD, Cirion y Sonda. La comuna alberga el humedal más importante de la zona, y los data centers de Google consumen 50 litros por segundo de sus napas subterráneas.
El año 2024, solo ese data center utilizó 458 millones de litros de agua, equivalente al consumo anual de un campo de golf de grandes dimensiones.
Mientras tanto, Chile arrastra una megasequía que ya dura más de una década. Los vecinos de Quilicura denuncian que el bosque nativo que Google plantó como compensación ambiental está seco y abandonado.
Amazon planea expandirse en Huechuraba con una inversión de US$205 millones, y aunque los residentes intentaron frenarlo por la falta de evaluación del impacto energético, la justicia ambiental chilena rechazó su reclamo en abril de 2026.
La expansión de data centers en Chile, Brasil y México está generando conflictos socioambientales crecientes. Un data center en hiperescala puede usar hasta 19 millones de litros de agua por día, lo que consume una ciudad de 50,000 habitantes. Y la demanda eléctrica de los data centers en Chile podría aumentar 270% para 2030.
Mientras el FBI clasifica como “extremista violento” a quien protesta contra un data center en Indiana o Virginia, en América Latina la protesta no es extremismo sino supervivencia. En EE.UU., el gobierno de Trump ha puesto el aparato de seguridad nacional al servicio de las Big Tech. En Quilicura, los vecinos ni siquiera logran que Google revele cuánta agua consume realmente.
Los datos del proyecto Quili.A, una iniciativa ciudadana que reemplazó respuestas de IA por respuestas humanas para visibilizar el costo hídrico de cada prompt, son reveladores: una simple consulta a ChatGPT puede consumir entre 0.5 y 2 litros de agua. Y las “nubes” de esa IA están en Quilicura, secando el humedal.
El caso chileno no es aislado. En México, Querétaro ya enfrentaba estrés hídrico antes de la llegada masiva de data centers, y ahora los cortes de agua son más frecuentes para las comunidades locales. En Brasil, Sao Paulo se ha convertido en el hub de data centers de la región sin una regulación hídrica clara.
Mientras el gobierno estadounidense gasta millones en un nuevo “Joint Mission Center” del FBI para perseguir a quienes critican a la industria tech, América Latina se pregunta quién pondrá límites al consumo de agua de la inteligencia artificial. Porque acá el extremismo no es protestar, es dejar que la IA se beba los humedales mientras los vecinos reciben agua embotellada.
Fuentes:
WIRED — US Law Enforcement Warns of ‘Anti-Tech Extremism’ as AI Hatred Grows
White House — NSPM-7: Countering Domestic Terrorism
Diario U. de Chile — El agua que usa la IA es chilena
El Desconcierto — Chile, Brasil y México atraen data centers y crecen conflictos por agua
Xataka — Vecinos en Chile intentaron frenar data center de Amazon y perdieron
Agencia Digital — Quili.AI: el debate del agua en data centers chilenos


